Entrada reflexiva relacionada con el Recurso para la profesionalización en el ámbito cultural
Tras haber ojeado un poco el recurso en un primer momento, puedo decir que lo que más pavor me da es la iniciación en la búsqueda activa de empleo relacionada con mis estudios y enfrentarme, de forma completamente directa, a la precariedad tan normalizada que existe dentro del sector cultural. Afortunadamente ( o no) ya he sido una persona empleada en muchos trabajos distintos, casi todos temporales y muy ligados a esa etapa de “trabajos para estudiantes” que se compaginan con clases, entregas y exámenes para poder ganar algo de dinero. Haber pasado por tantos espacios laborales diferentes me ha permitido aprender a tratar con personas, adaptarme rápido, asumir responsabilidades o entender dinámicas laborales que muchas veces no se enseñan en la universidad. Sin embargo, la búsqueda activa de empleo relacionada específicamente con la cultura es algo que sé que va a ser una tarea ardua, no solo por la dificultad de encontrar oportunidades, sino también por las condiciones que suelen rodearlas.
Durante las prácticas he podido comprobar de primera mano cómo muchos proyectos culturales se sostienen prácticamente gracias a una o dos personas que terminan encargándose absolutamente de todo: gestión, producción, comunicación, coordinación, redes sociales, presupuestos… todo. También he conocido artistas que viven constantemente con la incertidumbre de no saber si podrán pagar el alquiler ese mes (aunque, siendo sinceras, eso creo que nos pasa a todas) y, al mismo tiempo, a personas muy privilegiadas que pueden dedicarse al ámbito cultural de manera casi altruista, afirmando con tranquilidad que “lo importante es el arte” aunque económicamente el proyecto solo genere pérdidas. Y yo no puedo evitar preguntarme: ¿y de qué vive entonces la gente? Creo que romantizar constantemente la precariedad en nombre del arte termina siendo peligroso y excluyente, porque convierte la cultura en un espacio accesible solo para quienes pueden permitirse perder dinero.
Por eso me parece más que necesario que este ámbito se profesionalice cada vez más y que haya personas preparadas trabajando de forma seria en la cultura, entendiendo que la pasión no debería estar reñida con unas condiciones laborales dignas. Me parece importante reivindicar que trabajar en cultura sigue siendo trabajar, aunque muchas veces parezca que haya que justificar constantemente por qué debería remunerarse.
Respecto a la condición de becario, podría decir bastantes cosas genuinamente. Agradezco haber entrado en el mundo de las prácticas en un momento en el que, al menos, se ha exigido que podamos cotizar quienes estamos “aprendiendo a trabajar”. Aun así, me resulta extraño cómo muchas veces se infantiliza a personas adultas simplemente por no saber desempeñar una tarea concreta, algo que en realidad le ocurre a cualquiera cuando empieza en un ámbito nuevo. Parece que se espera que una persona becaria tenga que demostrar constantemente agradecimiento por estar aprendiendo, mientras al mismo tiempo se le depositan responsabilidades reales y, en ocasiones, cargas de trabajo muy similares a las de cualquier otro empleado. Si buscamos una especialización cada vez mayor en los trabajos, también debería asumirse con naturalidad que hay procesos de aprendizaje necesarios y que enseñar forma parte del propio entorno laboral, pero sin tratar a quienes empiezan como si fueran niños o como si su trabajo tuviera menos valor.
Ahora mismo, como me pilla en un momento emocional concreto, no tengo mucho más que decir pero, haré otra entrada hablando de un forma un poco más positiva pues sí las hay y yo misma las he visto!


Este es un espacio de trabajo personal de un/a estudiante de la Universitat Oberta de Catalunya. Cualquier contenido publicado en este espacio es responsabilidad de su autor/a.